Ayer al mediodía se produjo la despedida de Ronald Melzer, fallecido el lunes de noche. El corto velatorio no impidió que al adiós del crítico, productor y distribuidor de cine, fuera mucha gente.Se trató de un gesto de reconocimiento y de agradecimiento porque «Ronny» construyó muchos frentes desde donde convocar al público en nombre del mejor cine. Creó en 1985 una verdadera escuela de apreciación cinematográfica a través de Video Imagen Club, adonde se concurría (y se concurre) cuando se trata de elegir títulos de cine riguroso, con carácter autoral y donde la historia no se pierde con la rapidez con que desaparecen los títulos de las tiendas de alquiler de DVD. Pero más allá del catálogo ofrecido, estaba la posibilidad de preguntar y discutir, lo que estimulaba mucho a Melzer, quien seguramente conseguía así más análisis y erudición para trasladar a sus notas críticas publicadas en Brecha.Como si eso ya no fuera relevante, Melzer ensanchó los caminos para su vocación al participar en producciones uruguayas y al arrimar al circuito de estrenos -a través de otra empresa, Buen Cine- títulos y cineastas que de otra manera difícilmente llegaran. La dimensión del mercado uruguayo siempre fue una limitante, pero él siempre encontraba la forma de que las obras que le interesaban llegaran al gran público, ya fuera asociándose a instituciones como Cinemateca Uruguaya o en alianza con las empresas que pautan la exhibición comercial en nuestro país. Si como productor asociado se lo pudo ver en películas como 25 Watts o Gigante, como distribuidor estuvo en la promoción de obras como El círculo, Whisky o de El Bella Vista, un título estrenado tímidamente en el circuito comercial y que aún se mantiene firme después de tres semanas de exhibiciones. Y lo que no podía llevar directamente a la pantalla grande, esperaba para recogerlo en formato DVD procurando que los trabajos de años de los cineastas no se terminaran en la sala de estreno. En ese empeño se lo vio hasta como asesor de una serie de micros que Televisión Nacional emitió sobre «el cine de los uruguayos».Esta actitud vital fue lo que le permitió seguir ofreciendo su servicio de alquiler de DVD cuando el negocio comenzó a hacer crisis y optó por recortarse para mostrar únicamente los grandes productos que la industria lanza un par de meses antes. Aunque Video Imagen se mudó de local, el traslado fue de apenas media cuadra, a Benito Blanco entre Bulevar España y Scoseria, manteniendo la ruta para quienes hasta ahora siguen sus pasos.Ya hacía unos cuantos años que había dejado su otra profesión: la de juez de fútbol, razón por la cual uno lo había podido encontrar entrenándose muy temprano a la mañana en el Parque Batlle. También hacía unos años que un cáncer comenzó a jaquearlo y lo había llevado a varias intervenciones. Pero tras cada una de ellas, y a sabiendas de que el interlocutor sabía detalles de lo que le había pasado, él sacaba a relucir el humor para referirse con ironía a su enfermedad.Es que en todos los planos se movía con el mismo espíritu animado que manifestó al comienzo de su trayectoria profesional. Seguía llamando a sus colegas por teléfono para intercambiar opiniones y seguía batallando para encontrar siempre un plus a favor del cine uruguayo y del cine de autor, transformándose en un vocacional de la militancia cultural. Por eso ayer fue mucha gente a despedirlo y a agradecerle una vez más todo lo que había hecho. Hasta siempre, Ronny.
El adiós agradecido a un vocacional del mejor cine
26/Jun/2013
El País
Por Henry Segura